Sunday, July 1, 2007

Pragmatismo y política real (>S III)

Leo un reportaje en una revista que habla sobre un conflicto en Birmania. Un conflicto consistente, parece ser, en unas etnias aniquiladas por no sé que gobernante que quiere hacer una raza única.

Como ese conflicto no nos concierne, no sabemos nada de él. Esto es consecuencia de uno de los rasgos más nauseabundos del liberalismo: El pragmatismo: Hacer algo sólo si tiene un fin concreto. En otras palabras, "La Realpolitik".

Este término lo acuñó Bismarck para referirse a la política exterior basada en intereses prácticos y no en intereses éticos.

Imaginemos que algún país apoyara a cualquiera de los dos bandos del conflicto de las etnias referido al principio. Sólo alguien muy ingenuo creería que un país intervendría en un caso así por evitar muertes o por razones humanitarias. Ni siquiera los casos más aparentemente desinteresados (se me ocurre el envío de médicos por parte de Cuba y Venezuela a EEUU tras el desastre de Nueva Orleans) son desinteresados del todo.

La realpolitik tenía un enemigo muy fuerte: La opinión pública.

Y digo tenía porque, y he aquí el principal fallo del liberalismo (aparte de su repulsividad inherente), la información, como muchas otras mercancías, pasa por intermediarios que la modifican a su antojo.

La opinión pública era enemiga de la realpolitik en casos como el de Vietnam, donde las manifestaciones masivas se opusieron a la guerra de Nixon. También lo eran, teóricamente, en la Alemania nazi, en la que la mayor parte de la gente no sabía (Cada vez que oigo esto no sé si reir o llorar) que estaban despachando judíos a marchas forzadas.

Pero ahora, ¡Ay ahora!. Nos venden la guerra contra Milósevic como guerra contra el terror y para ello nos retratan a Slobodan como un dictador cruel y sanguinario, tan malvado y terrible que daban ganas de poner su foto en todos los retretes. Y con ello consiguen que la opinión pública no sólo no se oponga a la realpolitik, sino que la apoye con toda su contundencia. ¡Liberemos a Yugoslavia de Milósevic! ¿Cómo iban a saber esos serbios inocentes la matanza que se estaba haciendo a menos de un kilómetro de su casa? Cuando el soldado disparaba su arma quizá no sabía que iba a matar a nadie... él se fiaba de su presidente, que era un ser malvado. O quizá pensaba que en vez de matar a un pobre albanés estaba matando a un terrorista peligroso... justo como nosotros, que creíamos que estábamos derrocando al nuevo Hitler y resulta que estábamos matando a un presidente no más sanguinario que el trío de las Azores, por poner un ejemplo.

Ahora nosotros somos el apoyo para la realpolitik. En algunos paises bárbaros que no quiero señalar (en EEUU, me refiero) incluso pedían a la gente que donaran dinero para el ejército. Para un ejército que tiene cada año más dinero del que verá vd en toda su vida incluso por la tele.

Hay, sin embargo, un pequeño brillo esperanzador: Gracias a Internet, esa gran red de noticias que ha demostrado una función portentosa como hemeroteca, podemos conocer cosas tales como que esos camiones donde iban las armas de destrucción masiva no eran tales o que Esperanza Aguirre hace inauguraciones tan de garrafón como sus pensamientos.

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